🩺 Cuando el diseño afecta la salud🏥

Aprendizajes desde adentro del sistema 🚑

¡Hola ! ¿Cómo estas?

Feliz comienzo de año. Es la primera vez que arrancamos el año con un newsletter. Escribir en medio del día a día del estudio no siempre es fácil, pero logramos hacerlo. Y nos gusta. Nos encanta leerlos, las preguntas sobre los casos, los mensajes para que sigamos, las correcciones, las sugerencias. Todo eso nos indica que vamos bien.

Hoy queremos contarles un proyecto que nos impactó. No todos los días aparece la oportunidad de usar el diseño para mejorar, efectivamente, la vida de las personas. Cuando pasa, nos obliga a mirarnos también como personas, no sólo como creadores.

La salud y sus sistemas

Este proyecto nos hizo preguntarnos algo bastante básico: qué es, en serio, la atención a la salud. Y qué lugar ocupa el diseño en todo eso.

Cuando empezamos a mirar el sistema con esa pregunta en la cabeza, vimos algo que probablemente todos conocemos. Nos empezamos a imaginar esos espacios blancos, luces fuertes y frías, algo que ya nos ponía nerviosos de solo pensar. Desde una sala de emergencias chica hasta los hospitales más grandes. Tiene sentido: higiene, control, claridad. Pero enseguida apareció otra pregunta, más incómoda: ¿qué pasa con las personas que están ahí adentro? Las que atienden y las que están siendo atendidas.

Ahí es donde entramos nosotros. No para cambiar el sistema de salud, sino para observar desde nuestro lugar. Para pensar cómo se siente alguien cuando llama a pedir un turno, cuando abre un mail médico, cuando entra a una web buscando respuestas. Casi siempre, del otro lado hay alguien preocupado. Con miedo, con ansiedad, con poco margen emocional.

El proyecto llegó a través de Swiss Medical, con Facu Belocopitt acercándose al estudio para plantearnos el desafío. Después de conocerlos entendimos el nivel de trabajo que hay en Swiss por mejorar la calidad y experiencia de la atención de sus usuarios, y que la intención de buscarnos era clara: seguir en este camino. Para nosotros era un terreno nuevo. Nunca habíamos trabajado en salud. Y eso lo volvió todavía más interesante.

Desde el inicio nos pusimos una regla simple: todo lo que diseñemos tiene que servir para atender. Y no solo en el sentido funcional. Atender también es recibir, bajar un cambio, contener un poco.

No importa si el problema parece chico o grande: del otro lado siempre hay una persona.

Por eso la salud mental apareció en todas las conversaciones y se volvió un eje clave. ¿Cómo se siente una interfaz cuando alguien está preocupado por su salud o la de alguien que quiere? ¿Qué tono tiene una comunicación cuando no sabemos desde qué lugar emocional está siendo leída? ¿Cómo se diseña sin sumar ruido, sin generar más tensión? Pensamos cada punto de contacto, un mail, una central de turnos, una home, desde esa idea: alguien llega acá porque algo le preocupa.

En medio de todas esas preguntas pasó algo inesperado. Un día, Keki trajo al estudio un juego de su hija. Un juego simple, de roles médico–paciente, pensado para que los chicos puedan decir cómo se sienten mientras juegan. Y fue medio revelador. Ese juego era más claro, más intuitivo y más humano que muchas experiencias reales del sistema de salud. Sin vueltas, sin tensión innecesaria, permitía que dos personas se entiendan.

Ahí algo hizo clic. No se trataba de simplificar por simplificar, ni de infantilizar, sino de volver a lo básico: atender es escuchar, explicar, acompañar. A partir de esa idea armamos un sistema que hoy da forma a la nueva marca de Swiss Medical.

Creemos que el diseño puede mejorar la vida de las personas. No de manera grandilocuente, sino en lo cotidiano. En cómo se lee algo, en cómo se navega, en cómo se siente una interacción. Diseñar también es cuidar.

Si les interesa ver el proyecto en detalle y descubrir ese juguete que Keki trajo al estudio, les dejamos el video caso.

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Gracias por leernos.

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